A 56 kilómetros de Punta Arenas, en la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, se encuentran las ruinas de la ciudad Rey Don Felipe, ubicadas en el sector conocido como Puerto de Hambre. Tras el descubrimiento del Estrecho de Magallanes en 1520 por Hernando de Magallanes, este paso se transformó en una ruta esencial para las embarcaciones que conectaban Europa con la costa del Pacífico americano. A pesar de los riesgos de la travesía, la Corona Española, motivada por la competencia expansionista con otras potencias europeas y la amenaza constante de piratas, decidió asegurar este estratégico lugar.
Para concretar este objetivo, se organizó una expedición comandada por Pedro Sarmiento de Gamboa, quien lideró 15 naves y cerca de 4.000 hombres con la misión de fortificar el estrecho. Sin embargo, las adversidades comenzaron desde el inicio: tormentas desmembraron la flota, y sólo 3 barcos lograron llegar al destino con aproximadamente 300 colonos. En 1584, Sarmiento fundó dos asentamientos, Nombre de Jesús y Rey Don Felipe, en honor al monarca español. Lamentablemente, ambos proyectos fracasaron debido a las duras condiciones del entorno y la falta de tierras cultivables, lo que llevó a la inanición y la muerte de la mayoría de los colonos.
Las tensiones internas también desencadenaron violentos motines. En 1587, el corsario inglés Tomás Cavendish, al pasar por el Estrecho, encontró a los pocos sobrevivientes y renombró el lugar como Puerto de Hambre. Actualmente, las ruinas de esta ciudad junto al Fuerte Bulnes forman parte del Parque del Estrecho de Magallanes, situado en la Punta Santa Ana.
A finales de 2019, durante la instalación de un cerco de protección en el sitio, se descubrieron dos piezas de artillería de bronce pertenecientes a la expedición liderada por Pedro Sarmiento de Gamboa. Estas piezas corresponden a dos medios sacres, cañones diseñados específicamente para impactar blancos a larga distancia. Fueron fabricados exclusivamente para la expedición por Francisco Duarte, quien recibió el encargo del rey Felipe II de coordinar el abastecimiento de las naves de la flota.
Siguiendo el trazado original del plano de la ciudad, los medios sacres fueron hallados en el área que correspondía a la administración de la ciudad. Cada pieza lleva grabado el nombre de su fabricante, el año de su fabricación y su peso, que oscila entre los 400 y 500 kilos. En el siglo XVI, el peso de las piezas de artillería no seguía estándares definidos, sorprendentemente, permanecieron juntas por más de 400 años.